Los romanos, los galos y mi constipado.

Hoy me he venido arriba y aprovechando la circunstancia os voy a contar cómo es la relación entre una esclerótica y el constipado. He de puntualizar que habría otro tipo de relaciones que me haría más feliz destripar aquí (véase Paula y Busta) pero ninguno es esclerótico, al menos que se sepa y esto no es el blog de la revista Hola (no sé si hay alguna revista más cool en plan “Leo chismes pero porque soy un contra cultura y lo hago para ir de guay en una exposición del MOMA, que es de verdad lo mio”). A lo que iba, que me disperso y eso no se lo puedo achacar a la esclerosis, eso venía de serie.

Cuando una esclerótica se constipa lo hace como el resto del mundo.Fin.

¡¡¡¡Qué no se mueva nadie!!!!!

Era un bacile, esto trae algo más de cola,  si no ¿qué gracia tendría ser una esclerótica?

En realidad sí es cierto que nos constipamos igual que los demás, lo cual es una ironía de magnitudes faraónicas, ya que nuestras defensas se pasan los días planeando cómo atacar a nuestras neuronas porque las consideran su enemigo mortal, que parecen los romanos y los galos en un cómic de Asterix y Obelix, así que la pregunta lógica es ¿por qué narices no atacan a los virus? (en concreto al de mi constipado) ¿por qué los dejan entrar en mi organismo para que campen a sus anchas, ahí como si fueran los putos amos del cotarro?, del catarro en este caso (lo sé, chiste fácil).

Una esclerótica constipada es, para que las mujeres lo entiendan, como un hombre “normal” constipado. Me explico, una mujer constipada tiene que estar al borde de la muerte física y delirando por la fiebre para que deje de hacer sus tareas cotidianas. Esto es generalizar, porque las mujeres también hemos bajado el rendimiento, las mujeres de antes parecían salidas de The Walking Dead y las veías comprando el pan, ahora somos un poco más flojas, solo llevamos pinta de Carmen de Mairena sin maquillar. Por el contrario los hombres se ponen el termómetro, y si tiene décimas de fiebre, son capaces de encontrar las fuerzas justas para ir al notario y escribir sus últimas voluntades… Pues una esclerótica es un híbrido entre ambos, mitad mujer al borde del colapso térmico y hombre al que le ha dado mucho el sol y le ha subido la temperatura unas décimas.

Nuestra voluntad de mujer nos dice “si sólo es un constipado, solo unos mocos (y una tos que hasta Sabina se acojona), tampoco es para tanto” y nuestro cerebro (la parte no rota) dice ” es verdad. Un paracetamol, unos kleenex y ¡¡¡el mundo es tuyo, nena!!! Pero la parte rota de nuestro cerebro y tus defensas te dicen a gritos (cual groupie persiguiendo el coche de Justin Bieber sin decoro alguno) que debes asumir que de este constipado no sales, que has sobrevivido a resacas dignas de una cirrosis, a atracones que casi te dejan ciega (de comer, no de tocarte como decían los curas. Tócate lo que te apetezca) y que serán unos virus tristones los que acabarán con tu existencia, todo muy dramático.

He de añadir que en el maravilloso parque de atracciones que es “esclerolandia” los constipados no tienen porqué durar 7 días, pueden llegar con los enamorados y largarse con los pasos de semana santa, si lo consideran oportuno (son tíos muy adinerados y se pueden permitir un alojamiento de larga estancia), quizás peque un poco de exageradilla pero los tengo alojados ya 15 días, no soy objetiva.

Todo esto sería solo un desvarío sin más, cosa que no deberíais descartar, si no fuera porque el estar constipada se convierte en un estresor ¡como el sombrero de un picaor! y cada vez que te suenas los mocos pierdes parte de energía (recurro de nuevo a los Dementores y Harry Potter, cuando lo enganchan de la pechera y le absorben la energía que parece un guiri chupando la cabeza de una gamba) pues nosotras con cada kleenex perdemos parte de nuestra fuerza y con cada tos, que te parece que vas a perder un pulmón, de hecho te quedas mirando al suelo por si así fuera (yo tengo 2 perras,Lola y Biemve, así que miro al suelo y a sus bocas, por si acaso han sido más rápidas que yo) perdemos un poco más de impulso y ganamos un poco más de mala leche.

Después de esta explicación que sólo se justificaría si fuera fruto de la fiebre, pero como habréis deducido no es así ya que si estuviera febril no podría escribir ni un triste SOS, lo único que me queda es daros un consejo:

Si os cruzáis con una esclerótica constipada, salid corriendo sin mirar atrás, no es necesario que estéis en muy buena forma, tampoco es que vaya a perseguiros como si fuera Usaín Bolt (ni siquiera como la abuela de Usaín Bolt) pero estará muy mosqueada, así que os puede hacer llorar como si os entrevistara Risto Mejide, así que corred o andad rápido, no es plan de agotarse para nada.

 

M.J.

 

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