La psicóloga que se comió su empatía.

  Hola, esclerocolegas y allegados. ¿Cómo va la cosa?

  Como ya sabéis, si me seguís por las redes sociales(sino lo hacéis ¿a qué esperáis?), pues estoy teniendo un final de año un poco ajetreado de más para mi gusto y empiezo a estar hasta más allá del moño (por ser fina). A los inconvenientes propios de nuestra querida líder, la EM, hay que sumar el pelear con la administración, que parece que le han hecho una lobotomía frontal o algo así , porque son tontos de cojones ( a la mierda lo de ser fina).

  Os cuento, intentando ser breve, que sino voy a tener que hacer un hilo de este post (y tampoco es necesario ). Desde nuestro adorado INSS me denegaron la incapacidad laboral permanente que, previamente ellos me habían concedido (11 meses estuve de baja por esto), y cómo no, pues presenté la reclamación de disconformidad por medio de una abogada, para que no se me escapara nada. Como es de rigor (porque creo que no se leen los expedientes cuando reclamas) pues me vino denegada, así que ahora pues hay que llevarlos a juicio, lo que supone esperar entre 6 y 12 meses… mientras tanto, como soy autónoma (trabajadora por cuenta propia y sin empleados a mi cargo, que la vaca no da para alegrías) pues no puedo volver a ejercer mi profesión porque entonces desde el INSS y desde el juzgado  (que se las saben todas) darán por hecho que puedo trabajar con normalidad y  perderé el juicio automáticamente. Así que en cuanto a este tema en estas estamos, a medio minuto de abrir un crowdfunding para poder subsistir.

  Por parte de la valoración del grado de discapacidad tampoco está mucho mejor la cosa, llevo esperando desde septiembre de 2017 a que me llamen para hacerme la valoración. Llevo tanto esperando que parezco Penelope (la de  la canción de Serrat), desde la trabajadora social de mi zona me dice que no tardarán en llamarme, pero eso no sé muy bien que significa… lo mismo, cuando me llamen ya me sale el pelo blanco y no tengo que ir a que me lo hagan en la peluquería, que vale que estemos en la Comunidad Valenciana, pero eso no significa que tengan que tener la sangre de horchata. Un poco de brío para el funcionariado estaría guay.

  Y ahora la historia (basada en hechos reales ) que protagoniza mi entrada de hoy. El colmo de los colmos (como perder un imperdible), la repera, lo que te hace replantearte si habría cosas que mejor se curarían con fuego… ¡Mi visita a la psicóloga! 

  Ya sabéis, y si no os lo recuerdo, que estoy estudiando el grado de Psicología, me está costando un poco, pero soy perseverante. Entonces me empecé a dar cuenta de que, cada vez, me iba costando un poco más acomodar la imprevisibilidad de vivir con EM, así que en una de las visitas a mi médica de familia le solicité que me enviara al psicólogo para poder canalizar de forma sana la mala hostia que estoy acumulando, me pareció lo más razonable ya que la idea de mirar ballestas por Amazon se volvía más atractiva por momentos y el presupuesto no da para una consulta privada, que aunque el glamour me rodee estoy tiesa nivel profesional.

  Pues allá que voy yo, con toda la frustración del mundo, a las 8:30 h (de la mañana, claro) a ver a esta señora, a la que se le pegaron las sábanas y con la que esperaba poder desahogarme ¿soy una ilusa!

  En cuanto entré, y me senté, la mujer me pregunta que porqué estoy allí y yo, que voy ya calentita pues le digo que me siento muy frustrada, y le cuento (de manera un poco desordenada, eso si) la situación que tengo ahora mismo con lo del tribunal médico y con el tema de que cada vez me cuesta  más hacer más de una cosa el mismo día… bueno, ¿qué os voy a contar?

  Pues el primer comentario fue que porqué no podía hacer dos cosas el mismo día, entones yo le conté (por si no se había leído mi expediente) que era por la EM, que tiene estas cosas.     Claro, la respuesta automática fue ¿pero lo has intentado? a lo que te dan ganas de contestar ” no, me lo ha dicho Esperanza Gracia, que lo ha visto en mis constelaciones”, pero no, le contesté que sí, que lo había intentado (como casi todos los escleróticos del mundo). Que cuando me diagnosticaron me dijeron que llevara vida normal, que lo hice y al final terminé ingresada. 

   Le expliqué que la EM es tan hija de fruta que te puedes ir de fin de semana y volver brotada. Claro, el término brotado es jerga esclerótica, así que fui más concreta. Le expliqué que me podía ir de fin de semana y venir con un brote ( de hecho así fue en el último que tuve medio fuerte) y entonces vino la pregunta que hizo que toooodo mi sistema inmune se diera con la mano en la frente (como el emoticono del whatsapp) “¿qué es un brote?” ahí ya me cortocircuité del todo, empezó a aflorar más la mala hostia que ya llevaba de serie y que había estado intentando controlar ( o guardar para una ocasión especial, yo que sé, para el próximo que me dijera que si la EM es de los huesos o algo así). 

   Se ve que ahí mi tono de voz se hizo mas de cabreo máximo y la mujer me lo dejó caer, la verdad es que le aclaré que no era con ella, que rea con el sistema. Que me costaba mucho entender cómo, los que me tenían que evaluar, no conocían lo que estaban evaluando (y ahí la tenía a ella que no sabía una mierda de la EM), que cómo era posible que con problemas de visión, con deterioro cognitivo, con los temblores, etc me mandaran a trabajar… La respuesta era tan sencilla que me sorprende que no la vira yo por mi misma, “si creen que estás para trabajar, te tendrás que poner a trabajar”, ¡cómo no me había dado cuenta! ¡Esa mente preclara debería estar hinchándose a ganar dinero por ahí dando charlas multitudinarias a lo Tony Robbins! (señor que motiva a la gente y les hace llorar por mucha pasta).

   Yo, que por lo visto tengo alma de pedagoga, le expliqué cual era mi situación laboral. A saber: trabajadora autónoma, sin personas que trabajen para mi, que se desplaza a las empresas, que tiene un trabajo especializado (pero que no se paga como para ir sobrada por la vida), que lleva 23 meses de baja (11 de ellos por incapacidad laboral permanente) y que, como es normal, pues había perdido a todos sus clientes. Y que, por la EM no me era posible desempeñar un trabajo de ese tipo a 40 horas (trabajaba muchas más, pero es un secreto) y hacer la rutina que era necesaria para mantener lo más controlada posible la EM. que esa situación me generaba mucha frustración y todo eso. A lo que me contestó “todos tenemos frustraciones. Yo me había pedido el puente de la Constitución libre y mira, aquí estoy. Lo que tienes que hacer es aceptar tu enfermedad”. Yo creo que después de esa frase, en su cabeza oía a un grupo de fans aplaudiendo su elocuencia (por suerte no podía ver qué pasaba por la mía).

   Bueno, pues tras esas perlas, y alguna más que se me dejó caer, me facturó y me dio cita para un mes más tarde, lo cual está muy bien porque pienso llegar con un guión bien estructurado y se va a cagar. Sin enfadarme ni nada, utilizando la parte racional  de mi cerebro antes de que chungue, para ver si ha hecho los deberes o  no. Porque después de decirme que podía ser peor, que podía tener un cáncer (cosa que ya tuve en 2011) creo que necesita que le expliquen un poco de qué van las cosas y que los psicólogos jamás deben juzgar a sus pacientes (es de primero de Psicología).

3 comentarios en “La psicóloga que se comió su empatía.”

  1. Holaaa, nos encontramos también por aquí además de por Twitter.
    Sé que a veces mal de muchos…. Por eso te contaré que a mí una psicóloga , a raíz de que un reumatólogo no me quisiera diagnosticar de ehlers danlos y del cabreo correspondiente, me dijo que no aceptaba que puede que no tuviera nada ( nooo roturas fibrilares, tendinitis, subluxaciones, ansiedad por un tubo… Eso no es nada)
    Y eso una privada, pagando religiosamente cada cita.
    En cuanto aprendí a controlar mis ataques de ansiedad le dije adiós muy buenas.
    Espero que la próxima cita te vaya mejor
    Marga

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