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Esclerotizada, motivada y despistada.

Hola, amigos. ¿Cómo anda la cosa? (no es sarcasmo)

Sé que hace un porrón de tiempo que no publico entrada nueva pero, como ya sabéis, estoy teniendo un lustro algo convulso… iba a decir un año, pero me quedaría muy corta.

Hoy vengo con una duda así un poco perogrullada, pero como soy una esclerótica sin criterio ni vergüenza os la expongo y a ver si hay suerte y no os caéis ninguno de la silla: ¿cuándo os disteis cuenta de que teníais una discapacidad? (sé que lo de discapacidad ya no se lleva, que ahora es diversidad funcional, pero me resulta un poco largo).

Aunque os resulte difícil de creer, porque es lo más normal (yo aún lo estoy flipando y mucho), yo me di cuenta la semana pasada (os dejaré un momento para que lo asimiléis. ¡Hale!, ya está bien). Sé, porque aunque parece que no me entero, pues sí, que estoy en pleno lío con las SS (el INSS para los amigos), que estoy esperando para la evaluación del grado de discapacidad, que tengo una EM que no me da tregua, que he perdido parte de la audición (lo siento, chicas/os, sé que soy un partidazo pero estoy pillada) pero hasta la semana pasada no fui plenamente consciente, dentro del grado de conciencia que yo pueda tener, que no es mucho, de que ya vivía con una etiqueta como es lo de tener una discapacidad.

Siendo sincera, a estas alturas de mi vida, no esperaba que esto fuera lo que tuviera. Yo era más partidaria de tener la hipoteca pagada, un curro que me gustara, alguien que me quisiera y a quien amargarle la existencia… lo normal, pero una discapacidad la verdad es que no me lo planteaba. Y menos aún con el por culo que me están dando para reconocérmela, que al paso que voy aún reconoce antes Julio Iglesias al hijo ese que tiene por Valencia que a mí la discapacidad. Pero esto es lo que me ha tocado en suerte (y eso que no juego, si llego a jugar lo estoy flipando una década).

He de reconocer que, como habréis podido comprobar, no soy muy avispada en esto de darme cuenta de mis situaciones personales (no es mi culpa, me di muchos golpes en la cabeza de pequeña), tardé un año en darme cuenta de que debía solicitar la valoración del grado. Esto no sería mucho si no fuera porque vivo en la Comunidad Valenciana y tardan una eternidad en llamarte (literalmente, Sorolla todavía está esperando a que lo valoren) y, después de todo el lío del año pasado que continúa este y a expensas de ver qué pasa, que si se entera George Lukas me hace una saga completa a lo Star Wars de todo este periplo (ya me lo estoy imaginando “En un lugar muy lejano, al sur de la Comunidad Valenciana, casi lindando con Murcia, había una mujer que se marcó un objetivo que supondría el reto de su vida: el reconocimiento de la discapacidad conservando algo de salud para poder disfrutarla”) pues no me había parado a pensar que, en realidad, soy una persona con diversidad funcional, y de verdad, no como la gente esta de Mujeres, Hombres y Viceversa.

Ahora que me he dado cuenta de esto, tendré que pensar cómo lo gestiono. Porque las drogas no son una opción, ya voy hasta los ojos y con receta; lo de beber está bien, pero si sobria ya no me entero de nada, bebida tengo que ser la risa, así que no me queda otra que ir acomodando la nueva situación en la parte funcional de mi cerebro (es un 20 % del total y siendo generosa. El otro 80 % está lleno de mala leche y tonterías varias).

 

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